domingo, 7 de febrero de 2010
lunes, 1 de febrero de 2010
HEMOS TENIDO LA SUERTE DE PODERLE DAR UN PUESTO A IU QUITÁNDOSELO AL HIJOPUTA

En la primavera del 2003, en plena campaña de las elecciones para la Comunidad de Madrid, los Señores Dilettante tuvieron ocasión de ver en el castizo entorno del Rastro como Doña Esperanza Aguirre se tenía que marchar de la zona a paso ligero y un poco sofocada ante las imprecaciones de un grupo de personas que andaba por allí(1). Que quieren que les diga, me pareció un poco feo. El espacio público debe de estar abierto para todos y a una Señora de esa categoría humana quizá hubiera bastado con ignorarla absolutamente. Grave error. No se puede uno compadecer de Doña Esperanza, ella jamás se compadecerá de ti.
Su nombramiento como Presidenta de la Comunidad estuvo precedido del escándalo mayúsculo del Tamayazo. Asunto todavía no aclarado y del que no se le ha exigido responsabilidades a nadie. Bueno a nadie no, los dos mindundis que protagonizaron el escándalo fueron expulsados del PSOE. ¡Qué duro castigo para esos dos valientes demócratas que antepusieron sus convicciones personales a la disciplina del partido! Cuando se repitieron las elecciones Doña Esperanza se alzó, como era de justicia, con la victoria. Que así es la democracia troncos (¡Cómo le gusta a la condesa el habla de germanías!). Y si no, seguro que vuelven a salir otros dos tránsfugas socialistas a los que su dignidad les impide formar un gobierno de coalición con los rojos de Izquierda Unida. Todas las veces que haga falta.
Su gobierno no ha defraudado. Esa política liberal-liberal, esa mano invisible de Adam Smith (que ocasionalmente necesita de una ayudita), esa privatización de los servicios públicos en beneficio de todos (2) , ese noble contencioso que tiene con el Sr. Ruiz Gallardón, por ver quien sirve más y mejor a la ciudadanía, a ser posible en el más alto cargo…
En la Comunidad de Madrid goza todavía de gran popularidad (3), no sé si pese a las barbaridades que salen de su boquita con la seguridad y chulería pasmosa de la que se sabe por nacimiento mejor y con más derechos que el resto de los mortales, o quizá a causa de ello . Lo miren como lo miren resulta inquietante en extremo.
El Sr. Dilettante siempre ha pensado que Doña Esperanza Aguirre llegará a ser la primera mujer que alcance la Presidencia del gobierno español. Afortunadamente nunca he tenido el don de la profecía. ¿Pero saben? Tengo miedo y ustedes deberían tenerlo.
(1)Creo recordar que le preguntaban en un tono bastante airado algo sobre la guerra de Iraq. ¡Pero hombre, eso no son maneras de dirigirse a una Señora! Esos rojos del Rastro, antes de dirigirse a un ser superior deberían de visionar “Los santos inocentes” y aprender un poco de protocolo. A una condesa se dirige uno en voz baja, con la vista al suelo, y si ya lo quieres cuadrar, retorciendo una gorrilla de pana entre tus manos.
(2)Si ya lo sabemos todos. La mejor sanidad es la privada y nadie educa a nuestros niños mejor que los curas.
(3)En el bar donde el Sr. Dilettante se toma su refrigerio de media mañana tienen la costumbre de tener sintonizada Telemadrid. Cada vez que aparece la flamante Presidenta uno de los camareros, incapaz de contener su pasión, grita: ¡Guapa! ¡Guapa!
sábado, 30 de enero de 2010
LA HERENCIA VALDEMAR

El Sr. Dilettante descubrió a H.P. Lovecraft relativamente tarde, aunque con el estado mental (alterado) adecuado para el disfrute pleno de la obra del peculiar autor de Providence. Desde entonces he ido leyendo su obra completa, sus colaboraciones acreditadas o no, y la obra de sus seguidores/plagiadores/admiradores.
Hay un consenso colectivo entre el fandom de lo difícil que resulta llevar la obra de Lovecraft al cine. Yo personalmente disiento. Creo más bien que simplemente se han hecho malas películas. Hay una excepción al menos, “En la boca del miedo” de John Carpenter, que consigue captar y actualizar toda la atmosfera malsana de terror indefinible que posee la obra de Lovecraft.
El 22 de enero se estrenó la producción española “La herencia Valdemar”, una película de género inspirada en la obra de H.P. Lovecraft. Dirigida por José Luís Alemán, ha tenido el dudoso privilegio de ser el último trabajo de Paul Naschy.
El resultado cuando menos es desigual. Tras unos títulos de crédito francamente notables, la sensación final no termina de resultar satisfactoria, aunque hay que destacar agunos aciertos. La película está perfectamente ambientada, ha cuidado los decorados y la historia en líneas generales intriga y consiguió engancharme. Los efectos especiales, medidos, son más que adecuados para la película. Me ha encantado el detalle del dirigible sobrevolando el aeropuerto, ya que nos coloca en una España actual que no es exactamente la España que conocemos.
En cuanto a los peros señalaría unos cuantos. El guión es flojo, las motivaciones de los personajes son peregrinas en muchos casos. La interpretación de la mayoría de los actores resulta poco creíble, como ya ha señalado alguien en la red parece que están jugando una partida de rol en vivo. El haber utilizado las voces de los actores proporciona momentos absurdos. El protagonista, que suponemos español habla en ocasiones con acento extranjero y sin embargo los personajes como Alesteir Crowley o Bram Stoker hablan un castellano impecable.
Para finalizar señalaré que le voy a dar una oportunidad a la segunda parte, que parece que se estrenará después del verano, aunque solo sea para ver por primera vez en la pantalla grande al Gran C., tal y como anticipan los créditos finales.
lunes, 25 de enero de 2010
A manera de resumen de las últimas semanas
Han pasado las fiestas navideñas, que, aunque en la Mansión de los Dilettante no se celebran, si celebra el resto de nuestras familias, por lo que nos vimos más o menos sumergidos en la vorágine de banquetes, regalos y villancicos.
Recibimos el año, ya es casi una tradición Dilettante, frente al Cantábrico tomando un aperitivo en Mundaka.
Vimos Celda 211 y nos gusto mucho, aunque el Sr Dilettante considera que uno o dos números musicales (al estilo Jailhouse Rock de Elvis) hubieran alegrado un poco la película.
Hemos recibido libros y películas del Olentzero y, pese a nuestro fiero republicanismo, de los Reyes Magos. (Sr. López: He acabado “La canción de los misioneros” y me ha gustado mucho).
El Sr. Dilettante se ha apuntado a un gimnasio, aunque he advertido severamente al monitor que no quiero convertirme en Arnold Schwarzenegger y que me avise cuando me vea en exceso musculado.
Recibimos el año, ya es casi una tradición Dilettante, frente al Cantábrico tomando un aperitivo en Mundaka.
Vimos Celda 211 y nos gusto mucho, aunque el Sr Dilettante considera que uno o dos números musicales (al estilo Jailhouse Rock de Elvis) hubieran alegrado un poco la película.
Hemos recibido libros y películas del Olentzero y, pese a nuestro fiero republicanismo, de los Reyes Magos. (Sr. López: He acabado “La canción de los misioneros” y me ha gustado mucho).
El Sr. Dilettante se ha apuntado a un gimnasio, aunque he advertido severamente al monitor que no quiero convertirme en Arnold Schwarzenegger y que me avise cuando me vea en exceso musculado.
domingo, 6 de diciembre de 2009
sábado, 7 de noviembre de 2009
LEYENDAS URBANAS I
Al Sr. Dilettante le gustan las leyendas urbanas, esa especie de fábula o alegoría moral contemporánea que ilustra aterrorizando o haciendo reír. Algunos de los terrores más exquisitos del final de la infancia y de la adolescencia me los proporcionaron estas historias, contadas al anochecer en las pandillas de chicos y chicas: el loco que lame, en esta curva me maté yo… seguro que las recuerdan.
La siguiente historia me la contaron hace más de veinte años en la localidad palentina de Herrera de Pisuerga. Pues bien, en este poblachón castellano, flanqueado por los ríos Pisuerga y Burejo, se celebra a comienzos de agosto desde hace 38 años el Festival de Exaltación del Cangrejo de Rio, o abreviadamente: la fiesta del cangrejo. Se hacen carrozas, se celebran concursos gastronómicos basado en este crustáceo decápodo, verbenas… En fin, una excusa de lo más tonta para celebrar un fiestorro e ir a tomarla con la cuadrilla.
Desde 1970 más o menos un hongo maligno ha ido diezmando la población de cangrejo autóctona que ha ido siendo sustituida por el cangrejo americano, animal que arrasa con los ecosistemas de los ríos ibéricos además de tener una carne mucho menos sabrosa, amenazando la continuidad del mundialmente conocido festival.
A finales de los 70 una cuadrilla de jóvenes de Herrera se andaba devanando la cabeza para encontrar el motivo para confeccionar una carroza que desfilara en el festival. Finalmente a alguien se le ocurrió la macabra idea de confeccionar una horca, con su ahorcado correspondiente, para representar la enfermedad que estaba aniquilando la población del cangrejo, exaltado o no. Durante la semana previa al festival, mientras los chicos y chicas se afanaban en la construcción de la carroza una de las componentes de la cuadrilla tuvo un accidente de tráfico y falleció. El resto de jóvenes se sobrepuso a la tragedia y siguió construyendo la carroza a base de madera y papel mache. Cuando llego el día del desfile la carroza de esta cuadrilla causo sensación, tanto por lo ingenioso de la metáfora como por el cuidado detalle con el que se había construido el muñeco que representaba al ahorcado.
Días después estos jóvenes decidieron hacer una sesión de espiritismo, una afición que en aquella época era bastante común ¿recuerdan?. En lugar de hablar con los espíritus de Hitler o de Elvis, los imprudentes muchachuelos decidieron contactar con el ánima de su amiga, la fallecida en accidente. Tras extender la tabla de ouija, que en la mayoría de los casos era una cartulina con el alfabeto escrito, y colocar los dedos en el vaso de duralex, empezaron a llamar a su difunta amiga. Finalmente la finada apareció y les aseguraró que se encontraba bien y que por fin había hallado la paz. El más audaz de los allí reunidos le preguntó que si le había gustado como había quedado la carroza. La difunta les dijo que sí, pero…que la cuerda le apretaba un poco en el cuello.
¡Horror! Los reunidos procedieron a darle la vuelta al vaso y a cancelar la reunión aterrorizados ante la certeza de que: SU AMIGA MUERTA HABÍA ESTADO EN EL FESTIVAL DE EXALTACIÓN DEL CANGREJO DE RÍO DENTRO DEL MUÑECO DEL AHORCADO.
El Sr. Dilettante confiesa que en su día la historia le acojonó muchísimo y todavía hoy en día le produce muy mal rollo.

Vén como lo del festival es cierto, la leyenda es lo de la muerta.
La siguiente historia me la contaron hace más de veinte años en la localidad palentina de Herrera de Pisuerga. Pues bien, en este poblachón castellano, flanqueado por los ríos Pisuerga y Burejo, se celebra a comienzos de agosto desde hace 38 años el Festival de Exaltación del Cangrejo de Rio, o abreviadamente: la fiesta del cangrejo. Se hacen carrozas, se celebran concursos gastronómicos basado en este crustáceo decápodo, verbenas… En fin, una excusa de lo más tonta para celebrar un fiestorro e ir a tomarla con la cuadrilla.
Desde 1970 más o menos un hongo maligno ha ido diezmando la población de cangrejo autóctona que ha ido siendo sustituida por el cangrejo americano, animal que arrasa con los ecosistemas de los ríos ibéricos además de tener una carne mucho menos sabrosa, amenazando la continuidad del mundialmente conocido festival.
A finales de los 70 una cuadrilla de jóvenes de Herrera se andaba devanando la cabeza para encontrar el motivo para confeccionar una carroza que desfilara en el festival. Finalmente a alguien se le ocurrió la macabra idea de confeccionar una horca, con su ahorcado correspondiente, para representar la enfermedad que estaba aniquilando la población del cangrejo, exaltado o no. Durante la semana previa al festival, mientras los chicos y chicas se afanaban en la construcción de la carroza una de las componentes de la cuadrilla tuvo un accidente de tráfico y falleció. El resto de jóvenes se sobrepuso a la tragedia y siguió construyendo la carroza a base de madera y papel mache. Cuando llego el día del desfile la carroza de esta cuadrilla causo sensación, tanto por lo ingenioso de la metáfora como por el cuidado detalle con el que se había construido el muñeco que representaba al ahorcado.
Días después estos jóvenes decidieron hacer una sesión de espiritismo, una afición que en aquella época era bastante común ¿recuerdan?. En lugar de hablar con los espíritus de Hitler o de Elvis, los imprudentes muchachuelos decidieron contactar con el ánima de su amiga, la fallecida en accidente. Tras extender la tabla de ouija, que en la mayoría de los casos era una cartulina con el alfabeto escrito, y colocar los dedos en el vaso de duralex, empezaron a llamar a su difunta amiga. Finalmente la finada apareció y les aseguraró que se encontraba bien y que por fin había hallado la paz. El más audaz de los allí reunidos le preguntó que si le había gustado como había quedado la carroza. La difunta les dijo que sí, pero…que la cuerda le apretaba un poco en el cuello.
¡Horror! Los reunidos procedieron a darle la vuelta al vaso y a cancelar la reunión aterrorizados ante la certeza de que: SU AMIGA MUERTA HABÍA ESTADO EN EL FESTIVAL DE EXALTACIÓN DEL CANGREJO DE RÍO DENTRO DEL MUÑECO DEL AHORCADO.
El Sr. Dilettante confiesa que en su día la historia le acojonó muchísimo y todavía hoy en día le produce muy mal rollo.

Vén como lo del festival es cierto, la leyenda es lo de la muerta.
martes, 3 de noviembre de 2009
MI BERLÍN PRIVADO

En estos días, en los que se cumple el veinte aniversario de la caída del muro de Berlín, el Sr. Dilettante recuerda con nostalgia su viaje a Berlín en la primavera del feliz año 1987, dos años antes de tan celebrado acontecimiento. Es decir, el triunfo hegemónico de un sistema cruel que se sustenta en la miseria del 70% de la población mundial.
En 1987 el Sr. Dilettante estudiaba Ciencias de la Información en la UPV y participaba en las actividades del “gaztetxe” de Bilbao (básicamente ver conciertos de bandas locales y beber cerveza), cuando por iniciativa de uno de los asiduos se empezó a promover una visita-intercambio con las casas ocupadas de la zona occidental de Berlín, las cuales estaban en su mayoría enclavadas en el barrio de Kreuzberg. Lo que empezó siendo una idea para tres personas, acabo siendo un viaje de dos autocares, tipo inserso, pero en radical y alternativo. Tras múltiples asambleas se fue perfilando el viaje, diversos colectivos berlineses con casas ocupadas nos acogerían en sus domicilios y nos servirían de guías turísticos en la ciudad.
Coincidiendo con las vacaciones de Semana Santa, además de ocupas éramos estudiantes y/o trabajadores, embarcamos en los autobuses y nos dispusimos a afrontar las cerca de 40 horas que iba a durar la travesía. El paso por las fronteras (sí, queridos, en aquella época todavía existían las fronteras intracomunitarias) se convirtió en una pesadilla. En la expedición iba gente con ordenes de detención, consumidores de drogas incapaces de prescindir de de sus sustancias favoritas y los implacables aduaneros, que se mostraron siempre extremadamente susceptibles con nosotros, llegando a considerar los palos de una txalaparta como terrorificas armas de destrucción masiva.
En aquellos tiempos Berlín era un islote de la RFA enclavado en el corazón de la RDA, para llegar a ella había que circular bastantes kilómetros por una autopista, que a manera de cordón umbilical la unía con el paraíso capitalista. Entrar en la RDA supuso un regreso a los primeros 70 españoles. Pantalones de campana, camisas entalladas y el coche Trabant, coches que sus propietarios tuneaban con gran imaginación pero con mucha pobreza de medios. Igualito igualito que en la España en la que habíamos sido niños.

Al llegar a Berlín los controles fronterizos fueron especialmente minuciosos y dejaron ya sin drogas a los toxicómanos más prudentes y cuidadosos. Durante el trayecto por la ciudad hasta el punto de reunión gozamos del privilegio de una escolta motorizada de la Polizei, lo que nos hizo sentirnos como embajadores o estrellas de Hollywood. La realidad se reveló mucho mas dura. Algún periodista iluminado había publicado que 200 autónomos del País Vasco se iban a desplazar hasta Berlín para montar bronca. En fin, los servidores del orden público alemanes, de una manera discreta pero constante, nos estuvieron acompañando a lo largo de nuestra semana berlinesa.
Los ocupas alemanes nos repartieron entre las diversas casas, las cuales, como norma, tenían unos niveles de habitabilidad similares a nuestros respectivos hogares. Resulta que desde hacía un par de años habían llegado a algún tipo de acuerdo con el gobierno berlinés y este les permitía habitar en las casas a cambio de unos alquileres simbólicos. Como curiosidad, había un grupo de lesbianas militantes que se hacían llamar las amazonas, llevaban la cabeza afeitada y tenían en la espalda de sus chaquetas pintada un hacha de doble filo, que tenían un ring de boxeo en su casa ocupada y dijeron que ellas solo aceptaban mujeres. No recuerdo si alguna accedió.
Berlín atraía a gran número de jóvenes de toda Alemania ya que sus habitantes estaban exentos de hacer el servicio militar, además pagaba algún tipo de salario a los estudiantes universitarios y parados, por lo que se convertía en un imán, no solo para los alemanes, sino para cualquier persona inquieta.
De la casa que nos toco en suerte recuerdo a un chico procedente de Berlín este que había conseguido pasar al lado occidental tras haber pasado un año en la cárcel. Mostraba constantemente su decepción y lamentaba haberse dejado tentar por el capitalismo. Ejerció como cicerone durante nuestra visita.
El plan de viaje fue muy relajado, visitamos radios libres, imprentas semi clandestinas (en una de ellas el RAF acababa de editar su último comunicado), fiestas alternativas en las que cocinábamos alubiadas y se tocaba la txalaparta…en fin, todo el folkore que se puede esperar en un viaje de estas características. Sin embargo la mayor parte del tiempo lo pasamos visitando la ciudad.
Un día cruzamos, sin nuestro guía por supuesto, a Berlín oriental por el célebre Checkpoint Charlie. Una guardia fronteriza, clavadita a Lotte Lenya en las películas de James Bond, fue en exceso suspicaz acerca del cigarrillo liado que me había colocado detrás de la oreja. Creyendo que trataba de introducir droga en el paraíso de los trabajadores me hizo pasar a una dependencia anexa donde registraron mis pertenencias y me hicieron algunas preguntas bastante inocuas. Mientras, mis acompañantes discutían sobre si me estarían haciendo ponerme en cuclillas desnudo y saltar (uno de ellos afirmaba que la policía griega le había sometido a tan extravagante procedimiento con el fin de que expulsase cualquier cuerpo extraño que llevase alojado en el recto), o sobre si directamente estarían hurgando con guantes de latex en mis delicadas cavidades corporales. Cuando obtuve el placet de la achaparrada policía y pasamos finalmente a Berlín Oriental tuve que desengañarles y decirles que mis cavidades corporales no habían sido sometidos a ningún tipo de procedimiento invasivo, y que tampoco había sido obligado a realizar ningún tipo de ejercicio gimnástico en pelotas.

- Klaus, trrraeme el guante de goma.
Berlín occidental resultaba muy caro para nuestras depauperadas economías, el Sr. Dilettante manejaba un presupuesto diario de alrededor de diez marcos (unas setecientas pesetas, es decir menos de cinco euros) para comer, fumar y usar el transporte público. Lo que se traducía en comer kebaps (fue la primera vez que los probé), fumar tabaco de liar, beber agua e intentarnos colar en el metro cuando podíamos, aunque esto último nos causaba cierto reparo ya que los vigilantes del metro berlinés tenían fama de violentos y algunos miembros de la expedición recibieron alguna paliza por tan nimio motivo. El caso es que, para pasar a Berlín oriental era requisito indispensable cambiar 30 marcos de la RFA por 30 marcos de la RDA, sin posibilidad de retorno, es decir había que procurar gastárselos todos, salvo que quisieras conservar alguna moneda como recuerdo.
Berlín oriental resultó ser lo opuesto en cuanto a precios, algunas de las necesidades básicas como la comida y el transporte tenían unos precios irrisorios, incluso para los estándares de unos españolitos, por lo que nos dedicamos alegremente a dilapidar nuestros marcos RDA en comida, cerveza (que ya no resultaba tan barata), puros cubanos (caros) y regalos para nuestras atribuladas madres (la madre del Sr. Dilettante usó durante 15 años el funcional wasserlkessel que adquirí en un mercadillo de la ciudad) que no sabían muy bien que estaban haciendo sus hijos en el otro extremo de Europa. Lo poco que vi de la RDA y por extensión del bloque comunista me dejo un recuerdo agradable.
El último día, tras obsequiar a nuestros anfitriones con una tortilla de patatas completamente deshecha, decidimos gastarnos nuestros últimos marcos en discos (de vinilo), cintas magnetofónicas y tebeos. Nos embarcamos en nuestros autobuses y tras aproximadamente 40 horas de viaje repletas de incidencias, llegamos a casa.
Desdichadamente, el reportaje fotográfico del viaje no salió demasiado bien por lo que las fotografías que ilustran esta entrada las he ido mangando de diferentes sitios de la red.

¡Viva el mal! ¡Viva el capital!
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