jueves, 30 de junio de 2011
domingo, 19 de junio de 2011
jueves, 9 de junio de 2011
FERIA DEL LIBRO
Ayer, gracias a que la Sra. Dilettante me liberó durante unas horas de la tarea de cuidar del joven Dilettante, me di una vuelta por la Feria del Libro de Madrid. Esta ha sido la primera vez que he ido a la Feria. Siempre me había dado una pereza mortal mezclarme con la multitud de personas que la abarrotan en busca de la firma de Pérez Reverte, o lo que es mucho peor, de Cesar Vidal. Pero ayer, como era miércoles, consideré acertadamente que no habría mucho público. La mañana era soleada y el Retiro en primavera es un lugar muy agradable. El recinto ferial estaba casi vacío excepto por las manadas de escolares que corrían de caseta en caseta arramplando con los catálogos y preguntando si tenían manga.
- ¿Tienes tebeos japoneses?
Mi primer objetivo fue acercarme a la caseta de Valdemar, mi editorial favorita por muchas razones, y así lo hice. Tras el mostrador había una pareja que despotricaba acerca del público que acudía a visitarles. Como en ese momento yo era el único visitante, me sentí un tanto intimidado por la conversación, así que decidí retirarme discretamente ante la posibilidad de que la instalación de la caseta solo fuese una excusa para que la gente de Valdemar tome un rato el sol en el Retiro. Seguiré comprando sus libros en las librerías o por correo como lo hago habitualmente. He de decir que gracias a su recomendación en Facebook he descubierto la serie inglesa “Black Books”, lo cual me permite comprender algunas cosas…
Un poco más adelante vi un corro de gente y una cámara de televisión. Al acercarme oí a una adolescente preguntar a una amiga: ¿Quién es esa vieja?. Torcí ligeramente el gesto ante el evidente desconocimiento de la juventud sobre nuestros escritores. Al observar a la mujer, objeto de las atenciones de todo el mundo, yo mismo me pregunté: ¿Quién coño es esa señora?. Para mi vergüenza he descubierto esta mañana al leer la prensa que esa señora es Isabel Allende, una de las escritoras más vendidas en lengua castellana. En mi defensa he de decir que solo he leído un libro suyo y no me gustó nada.
Sí, soy yo, Isabel Allende.
Seguí mi recorrido por el recinto y me detuve en la caseta de la Editorial Eneida. Mientras examinaba los ejemplares expuestos, el chico que atendía hablaba con otro cliente. Yo no prestaba atención, así que me quede un tanto sorprendido cuando, tras despedirse de la otra persona me mira con cara de resignación y me dice: -A la Feria viene todo tipo de personas. Yo, sin tener muy claro en qué tipo estaría clasificándome, comenté con él unas ediciones bastante bonitas que ofrecían de cuentos de Mark Twain y de Kipling. Me llevé ambas, no sin antes asegurarme de que no estuviese el “Diario de Adán y Eva”.No es que no me guste, no. Es que en cualquier recopilación de cuentos de Twain se empeñan en meterlo y lo tengo en al menos cuatro libros.
Algunas cosas que me llamaron la atención:
- Los dependientes de las editoriales y librerías, digamos convencionales, eran todos chicos y chicas mas o menos jóvenes con aspecto de gafapastas. Los había cordiales, silenciosos, ariscos, etc.
- Los dependientes de las librerías esotéricas eran, lamento el estereotipo pero me ciño a la verdad, argentinos de mediana edad intentando vender libros a mujeres sobre la purificación del aura.
- Los dependientes de las librerías cristianas eran señoras mayores muy serias y arregladas.
- Los dependientes de las librerías de reproducciones y facsímiles de lujo eran varones y mujeres muy atildados con aspecto de vendedores del Corte Inglés.
- El cliente tiene que gustar a los vendedores y no al revés, como dictan las normas del pequeño comercio desde la noche de los tiempos.
La experiencia ha resultado instructiva. Volveré.
Finalizado el recorrido por todas las casetas volví corriendo hacia la Mansión Dilettante para hacerme cargo del pequeño.
- ¿Tienes tebeos japoneses?
Mi primer objetivo fue acercarme a la caseta de Valdemar, mi editorial favorita por muchas razones, y así lo hice. Tras el mostrador había una pareja que despotricaba acerca del público que acudía a visitarles. Como en ese momento yo era el único visitante, me sentí un tanto intimidado por la conversación, así que decidí retirarme discretamente ante la posibilidad de que la instalación de la caseta solo fuese una excusa para que la gente de Valdemar tome un rato el sol en el Retiro. Seguiré comprando sus libros en las librerías o por correo como lo hago habitualmente. He de decir que gracias a su recomendación en Facebook he descubierto la serie inglesa “Black Books”, lo cual me permite comprender algunas cosas…
Un poco más adelante vi un corro de gente y una cámara de televisión. Al acercarme oí a una adolescente preguntar a una amiga: ¿Quién es esa vieja?. Torcí ligeramente el gesto ante el evidente desconocimiento de la juventud sobre nuestros escritores. Al observar a la mujer, objeto de las atenciones de todo el mundo, yo mismo me pregunté: ¿Quién coño es esa señora?. Para mi vergüenza he descubierto esta mañana al leer la prensa que esa señora es Isabel Allende, una de las escritoras más vendidas en lengua castellana. En mi defensa he de decir que solo he leído un libro suyo y no me gustó nada.
Sí, soy yo, Isabel Allende.Seguí mi recorrido por el recinto y me detuve en la caseta de la Editorial Eneida. Mientras examinaba los ejemplares expuestos, el chico que atendía hablaba con otro cliente. Yo no prestaba atención, así que me quede un tanto sorprendido cuando, tras despedirse de la otra persona me mira con cara de resignación y me dice: -A la Feria viene todo tipo de personas. Yo, sin tener muy claro en qué tipo estaría clasificándome, comenté con él unas ediciones bastante bonitas que ofrecían de cuentos de Mark Twain y de Kipling. Me llevé ambas, no sin antes asegurarme de que no estuviese el “Diario de Adán y Eva”.No es que no me guste, no. Es que en cualquier recopilación de cuentos de Twain se empeñan en meterlo y lo tengo en al menos cuatro libros.
Algunas cosas que me llamaron la atención:
- Los dependientes de las editoriales y librerías, digamos convencionales, eran todos chicos y chicas mas o menos jóvenes con aspecto de gafapastas. Los había cordiales, silenciosos, ariscos, etc.
- Los dependientes de las librerías esotéricas eran, lamento el estereotipo pero me ciño a la verdad, argentinos de mediana edad intentando vender libros a mujeres sobre la purificación del aura.
- Los dependientes de las librerías cristianas eran señoras mayores muy serias y arregladas.
- Los dependientes de las librerías de reproducciones y facsímiles de lujo eran varones y mujeres muy atildados con aspecto de vendedores del Corte Inglés.
- El cliente tiene que gustar a los vendedores y no al revés, como dictan las normas del pequeño comercio desde la noche de los tiempos.
La experiencia ha resultado instructiva. Volveré.
Finalizado el recorrido por todas las casetas volví corriendo hacia la Mansión Dilettante para hacerme cargo del pequeño.
martes, 7 de junio de 2011
FUNERAL VIKINGO
lunes, 16 de mayo de 2011
CIENCIA FICCIÓN AÑEJA
Como ya he señalado en alguna ocasión, estoy aplicado, además de cuidar del joven Dilettante (tarea satisfactoria, extenuante y que ocupa prácticamente toda la jornada) a repasar clásicos de la ciencia ficción de los años cincuenta. Empecé viendo “La mujer y el monstruo”, también conocida como “La criatura de la laguna negra”, en la que una expedición científica encuentra en el Amazonas un antecesor anfibio del hombre. Como suele ser habitual en estas películas, la criatura se encapricha de la protagonista y muere por un triste calentón no correspondido. Dirigida en 1954 por Jack Arnold, la película tiene unas espectaculares secuencias subacuáticas.

Otra película que no había visto es “This island eahrt”, traducida en España como “Regreso a la Tierra”, estrenada en 1955 y dirigida por Joseph Newman narra una rocambolesca historia de científicos secuestrados por los habitantes del planeta Metaluna para que les ayuden en una guerra contra otro planeta. El científico protagonista es un apuesto galán que se desplaza por los Estados Unidos en un caza de propulsión a chorro y que, antes de subirse a su funcional medio de transporte, arroja despreocupadamente su maletín en el asiento trasero.

Y la última película vista ha sido “El hombre del Planeta X”, en la que un periodista es citado por un científico en una isla de Escocia donde se encuentran con una nave espacial ocupada por un ser de otro planeta. Todo acaba con una impresionante balasera en la que se destruye la nave espacial, a su ocupante y al científico malvado que pretendía dominar al mundo.

Citando a David J. Skal, la creciente prosperidad de los Estados Unidos durante los años cincuenta estaba cimentada sobre la mayor pila de huesos de la historia de la humanidad. La Segunda Guerra Mundial supuso un progreso científico aterrador, con el momento cumbre que supuso la explosión de las dos bombas atómicas sobre Japón. A esto es preciso añadir la Guerra Fría y la incertidumbre de la aniquilación total de la humanidad y el desarrollo de la carrera espacial. También hay que recordar que es en los cincuenta cuando aparece lo que se conoce como fenómeno OVNI,o los supuestos avistamientos de platillos volantes. Así no es extraño que, de alguna manera, se sublimasen esos terrores en los cines. La ciencia, y sobre todo la ciencia atómica, como causa a veces, pero sobre todo como solución a la meta amenaza ficticia de una invasión extraterrestre.
Por cierto, con lo aparentemente sencillo que nos resulta hallar motivos extracinematográficos a las películas de los años cincuenta, ¿Qué causa se encontrará para el boom de películas de zombis de los últimos años? O ¿Por qué de pronto se han estrenado un montón de películas sobre invasiones extraterrestres? .
Otra película que no había visto es “This island eahrt”, traducida en España como “Regreso a la Tierra”, estrenada en 1955 y dirigida por Joseph Newman narra una rocambolesca historia de científicos secuestrados por los habitantes del planeta Metaluna para que les ayuden en una guerra contra otro planeta. El científico protagonista es un apuesto galán que se desplaza por los Estados Unidos en un caza de propulsión a chorro y que, antes de subirse a su funcional medio de transporte, arroja despreocupadamente su maletín en el asiento trasero.

Y la última película vista ha sido “El hombre del Planeta X”, en la que un periodista es citado por un científico en una isla de Escocia donde se encuentran con una nave espacial ocupada por un ser de otro planeta. Todo acaba con una impresionante balasera en la que se destruye la nave espacial, a su ocupante y al científico malvado que pretendía dominar al mundo.

Citando a David J. Skal, la creciente prosperidad de los Estados Unidos durante los años cincuenta estaba cimentada sobre la mayor pila de huesos de la historia de la humanidad. La Segunda Guerra Mundial supuso un progreso científico aterrador, con el momento cumbre que supuso la explosión de las dos bombas atómicas sobre Japón. A esto es preciso añadir la Guerra Fría y la incertidumbre de la aniquilación total de la humanidad y el desarrollo de la carrera espacial. También hay que recordar que es en los cincuenta cuando aparece lo que se conoce como fenómeno OVNI,o los supuestos avistamientos de platillos volantes. Así no es extraño que, de alguna manera, se sublimasen esos terrores en los cines. La ciencia, y sobre todo la ciencia atómica, como causa a veces, pero sobre todo como solución a la meta amenaza ficticia de una invasión extraterrestre.
Por cierto, con lo aparentemente sencillo que nos resulta hallar motivos extracinematográficos a las películas de los años cincuenta, ¿Qué causa se encontrará para el boom de películas de zombis de los últimos años? O ¿Por qué de pronto se han estrenado un montón de películas sobre invasiones extraterrestres? .
martes, 10 de mayo de 2011
domingo, 8 de mayo de 2011
MALEBOLGE

El Joven Dilettante se suele comportar como un pequeño reloj suizo. Invariablemente una vez al día los Señores Dilettante olisquean el ambiente y exclaman:
- Ahora hueles más que nunca, y no a ámbar.
Es el momento de llevar al Joven Diletante a su cambiador para proceder al cambio de pañales. El procedimiento es sencillo y, por repetido, somos capaces de hacerlo con los ojos cerrados. Mientras el jovenzuelo sonríe y patalea, se procede a desnudar la mitad inferior del tierno infante. Se sueltan las dos tiras adhesivas que mantienen sujeto el pañal y se encuentra uno con el desaguisado. Una pasta arcillosa cuyo olor hace que se le salten las lagrimas al infeliz que se encuentra realizando esta tarea.
En esos dramáticos momentos se vienen a la memoria los versos de Dante:
Allí llegamos; y allá abajo en el foso vi gente sumergida en estiércol como salido de letrinas humanas.
En el canto decimoctavo de la Divina Comedia el poeta describe el Malebolge. Es el octavo círculo del infierno y destino de traidores y fraudulentos. Este círculo contiene diez bolgias o fosos donde penan aquellos que cometieron esos pecados. En el segundo foso se encuentran los aduladores, los cuales se retorcerán entre los pañales del Joven Dilettante por toda la eternidad.
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